Con este título se estrenó en España este drama judicial rodado en 1983, protagonizado por Michael Douglas, un Juez Instructor inmerso la enorme frustración de ser responsable del archivo de procesos contra los que él apreciaba como responsables indiscutibles de horribles crímenes (asesinato y violación de menores) por la concurrencia de simples tecnicismos o formalismos legales aducidos por los defensores (normalmente relacionados con el derecho a un proceso con todas las garantías). Un magistrado amigo suyo (el inefable Hal Hobrook) le introducía en un círculo de juristas que habían decidido atajar tal despropósito formalista mediante una especie de tribunal de excepción que revisaba causas, dictaba sentencias y las ejecutaba a través de un asesino a sueldo. Finalmente el joven juez, tras promover la revisión de uno de sus casos más sangrantes y obtener la condena y el mandato de ejecución, descubría con estupor que su propia investigación adolecía de un fallo y que los señalados como responsables eran inocentes, a pesar de lo cual sus colegas del tribunal excepcional le informaban de la imposibilidad de paralizar el proceso y de la necesidad de asumir las consecuencias. La denuncia de sus colegas, por parte de Michael Douglas pone fin a la película con la moraleja de la vuelta al redil de las garantías procesales, por repugnantes que sean los sujetos acreedores de las mismas.
Mar
LOS JUECES DE LA LEY
Escrito el 18 Marzo 2010 por Juan Carlos Olarra en Derecho
Mar
¿Quién pagará de verdad la subida del IVA?
Escrito el 12 Marzo 2010 por Juan Carlos Olarra en Derecho
El gobierno, al hilo de su obligación de afrontar decididamente la hercúlea tarea de recortar el déficit público, nos anunció una subida del Impuesto sobre el Valor Añadido, pero acompaña dicha medida con sus previsiones que estiman que el impacto de la misma en términos de consumo no será significativo, porque han calculado que la mitad del incremento impositivo será absorbido por los empresarios a través de un recorte de los precios de los productos y servicios, amortiguando así el efecto final en los consumidores. Más allá de lo sorprendente que nos pueda resultar la precisa predicción, en dicha exposición de los hechos subyace una falacia o un despropósito.
Mar
La asombrosa y desasogante District 9
Escrito el 1 Marzo 2010 por Teresa Martín en General
La asombrosa y desasosegante District 9
Que Sudáfrica está de moda lo demuestran la Copa del Mundo de Fútbol y la película “Invictus”, sobre Nelson Mandela. Hoy quiero hablar de otro producto sudafricano, la película “District 9”, de Neill Blomkamp. Este es el tráiler:
La película muestra un mundo en el que unos alienígenas humanoides (aunque tributarios de famosos especímenes previos como el propio Alien y Predator) han aterrizado cerca de Johannesburgo. De hecho, su nave nodriza sigue suspendida sobre el cielo de la ciudad. Los alienígenas viven en suburbios de chabolas demasiado bien hechos para ser decorados; seguramente la película se ha rodado en el extrarradio de la ciudad.
Los seres son bípedos, sociables y no muy agresivos, pero viven subyugados tanto por los blancos de la multinacional MNU como por una banda de nigerianos que trafica con la comida. Dominan la fabricación de unas armas que la MNU y todos los gobiernos ansían.
La parafernalia, vehículos y personal de la MNU tienen una estética similar a las fuerzas militares de los Cascos Azules de la ONU. Mantienen el orden en el suburbio de chabolas. Tratan a los alienígenas como a animales, lo que parece razonable a ojos del espectador visto el comportamiento de ellos durante los primeros minutos.
Uno de los alienígenas resulta ser mucho más inteligente. No os cuento la trama ni el final, pero la película acaba siendo una apología contra el racismo, la xenofobia, el abuso de derecho, el abuso en general, los prejuicios raciales, la hipocresía de los familiares, etc.
Es muy inquietante y asombroso cómo las cosas nunca son lo que parecen.
Mar
LOS DINOSAURIOS Y LA CRISIS
Escrito el 1 Marzo 2010 por Teresa Martín en General
Los dinosaurios y la crisis
La mayor parte de los dinosaurios no murió porque les cayera encima el meteorito. Murieron porque el meteorito cambió el ambiente en el que vivían y ellos no supieron adaptarse.
En el Encuentro Empresarial de Antiguos Alumnos de ICADE, ESADE y Deusto, me alegró comprobar la decidida apuesta por el valor añadido que hacen los empresarios de éxito que allí nos hablaron. Está claro que en España todavía hay margen para salir adelante, pero hay que cambiar el chip. Al lado de los enormes dinosaurios, con su paso lento y su enorme consumo de recursos, tienen que surgir pequeños mamíferos, más ágiles y adaptables, que pueden cambiar sin sufrir, al ritmo que vaya haciendo falta. En paralelo con las empresas mastodónticas, iniciativas empresariales de valor añadido van a encontrar su lugar bajo el sol, bajo las nubes y por la noche. Cuando toque.
Junto al derrotismo y la falta de esperanza de tantos, junto al montón de gente que prefiere cobrar el paro antes que ganar lo mismo trabajando, surgen tendencias como el autoempleo. Muchos altos directivos dimiten antes que seguir aburridos en su trabajo, y con su indemnización, ponen un negocio. Llamadme optimista, porque de esta crisis acabaremos sacando consecuencias positivas.
Feb
Garzón: solo, pero sólo ante la ley
Escrito el 19 Febrero 2010 por Juan Carlos Olarra en Derecho
Prevaricar es dictar una resolución injusta a sabiendas o con manifiesta ignorancia de la ley. De la sola lectura de la descripción de la conducta se deduce la enorme dificultad que plantea en la práctica probar la concurrencia de un elemento subjetivo tan íntimo como el encerrado en la locución adverbial “a sabiendas”.
Feb
Escrito el 15 Febrero 2010 por Teresa Martín en General
¿Constituir una sociedad o firmar un contrato?
Antes de constituir una sociedad o tomar una participación en el negocio de otra persona, hay que pararse a pensar lo que significa ser socios. A mi modo de ver, hacen falta tres requisitos:
1- Querer ser socios.
A esto lo llamaban los clásicos tener “affectio societatis”, es decir, la voluntad de desarrollar un negocio en común. Es algo que, como el oxígeno o la libertad, no valoras hasta que no te falta. Si los socios no están dispuestos a remar en el mismo sentido, mejor que no se embarquen. Casos se han dado de graves peleas y discrepancias en la fase de noviazgo, disensiones que (vistas con perspectiva) tenían que haber dado lugar a -directamente- no constituir la sociedad. Como en la vida, si siendo novios no te entiendes, mejor que no te cases.
2- Poder ser socios.
Desde el punto de vista legal, ha de ser posible la asociación sin impedimentos regulatorios de control de concentraciones, prohibiciones o incompatibilidades de actuación, y cumpliendo todos los socios los requisitos objetivos de ese negocio (experiencia, titulación, colegiación, etc.) En un plano psicológico o de recursos humanos, tiene que existir una cierta complementariedad entre las personas, sea por su especialidad, sea por sus aptitudes. Si estos requisitos no se cumplen, el mejor número de socios es … ¡cero!
3- Tener sobre qué ser socios.
Os cuento el ejemplo que he tratado recientemente: La compañía A, que ha desarrollado un producto informático propio y desea colocarlo entre un número de grandes clientes con perfiles muy específicos busca quién le ayude a vender ese producto. El producto es muy bueno, pero a la compañía A le faltan los contactos para hacerlo llegar a las 20 empresas industriales mayores de España. La sociedad B, que tiene los contactos en los potenciales clientes, le ha propuesto fundar una sociedad: A aporta su producto y B, sus clientes. Pero … ¿realmente tiene que constituirse una sociedad aquí? Las leyes mercantiles exigen que todos los socios hagan una aportación con valor económico al capital de la empresa. Es más, las leyes sobre sociedades previenen en contra de los socios que sólo aportan trabajo. Al cliente A le recomendamos que, mejor que una sociedad, suscribiera un contrato de comisión en virtud del cual, por cada cliente presentado por B que se materializara en una venta, se retribuyera a la compañía B. La alternativa de constituir una sociedad se descartó por la desequilibrada aportación de cada socio al cliente, por no compartir la titularidad del programa informático y para preservar los clientes anteriores de la compañía A. ¿Desilusión? No, sólo realismo.
Igual que es mucho más fácil casarse (teniendo con quien) que divorciarse, es mucho más sencillo formar una sociedad que deshacerla. Piénsalo bien antes de ir al notario a firmar la escritura de constitución.
Feb
La versatilidad de la Biblia
Escrito el 4 Febrero 2010 por Juan Carlos Olarra en General
Que un agnóstico reconocido sea invitado a un acto de raíz religiosa promovido por un grupo indudablemente confesional y que no pueda rechazar dicha invitación por ser la única ocasión de compartir estancia con su amado mesías laico es, sin duda, un auténtico fastidio. Francamente a uno le cuesta pensar que todo esto sea casual y no destile vapores de la dulce venganza de aquéllos que se sintieron ofendidos por quien hoy acude a orar junto a ellos.
Ene
Obama: el Tribunal Supremo asesta un golpe a la democracia
Escrito el 26 Enero 2010 por Juan Carlos Olarra en Derecho
Parece que últimamente el hombre más poderoso de la tierra se ha planteado seriamente “hacer amigos”. Un día después de decir a los bancos que “si quieren pelea, la tendrán” comentó en los términos que titulan esta entrada la última sentencia del Tribunal Supremo de EE.UU. relativa a la financiación de los partidos por parte de las corporaciones privadas. Esta abrupta posición tiene probablemente dos razones de ser; una puramente coyuntural y otra de más hondo calado.
Ene
Marta del Castillo y el derecho de sus asesinos
Escrito el 22 Enero 2010 por Sergio Sánchez en Opinión Legal
Hace prácticamente un año tuvimos conocimiento del fallecimiento de la joven sevillana Marta del Castillo. Durante días varios días las distintas cadenas de televisión abrían sus informativos con los avances de la investigación y con que si los presuntos culpables habían cambiado la versión de los hechos incriminando al hermano de uno o dando una nueva ubicación del cadáver porque en un primer momento dijeron que lo habían tirado al Guadalquivir y cuando la Guardia Civil había dragado casi todo el río sin encontrar el cuerpo, cambian la versión y dicen que el cuerpo está en un vertedero de escombros, habiéndose procedido a mover todos los escombros del vertedero (con el coste económico que ellos implica) para tampoco encontrar el cadáver. Ahora nos salen con que tampoco está allí y que no saben donde está.
La estrategia que está siguiendo la defensa de los asesinos confesos (no presuntos ya que han confesado que la mataron ellos) es burlar a la justicia y reírse del sistema judicial, de los cuerpos de seguridad del Estado, de la familia de la víctima y de todos los españoles en general tratando de que no aparezca el cadáver porque cree que le va a favorecer en el proceso.
Ene
Los nuevos tiempos no corren
Escrito el 20 Enero 2010 por Teresa Martín en General
Las nuevas medidas del tiempo
20-Enero-2010, por Teresa Martín
La medida del tiempo ha cambiado. Un minuto ya no dura sesenta segundos, dura una eternidad. ¿Quién (sin desesperarse) se pasa un minuto esperando a que se le descarguen 12 megas que le mandaron por correo? Ayer me apareció un anuncio en la pantalla ofreciendo un programa para que el ordenador se encendiera y apagara más deprisa, y tentada estuve de comprarlo porque el proceso se eterniza.
El tiempo ya no se mide con el reloj de pulsera, artefacto decimonónico superado para siempre por el móvil, el I-Phone, el I-Pod, el relojillo del ordenador, la pantallita del teléfono.
Gracias a nuestro informático he aprendido el significado de los “Minutos Windows”, que no duran sesenta segundos. Cuando Windows dice “la copia se realizará en un minuto”, luego resulta que puede ser medio minuto, uno y medio o cinco, cualquiera sabe, pues el mensaje va renovándose y la máquina va cambiando de opinión. La informática no es una ciencia exacta.
Otra curiosa medida del tiempo viene marcada por la “Mayoría de Edad Iberia”. Si te sientas en la puerta de emergencia de un avión, se te exige poder manipular la puerta. Para ello se requiere que tengas quince años o, si tienes menos, que sepas entender las instrucciones. Ojo, se exige una cosa o la otra, de modo que podemos perfectamente confiar nuestros destinos en medio del Atlántico a un preadolescente de doce años adicto a la Nintendo DS. Ciertamente, estaremos en buenas manos.
También es curiosa la medida del tiempo aeroportuaria, pues sabemos que debemos llegar al aeropuerto con 45 minutos (estos sí, de reloj) de antelación a una hora ideal predeterminada para que nos den la tarjeta de embarque. Sin embargo, ya contamos con que nos harán esperar un tiempo indeterminado, normalmente por culpa del tiempo (atmosférico) o de los revueltos tiempos sindicales de los controladores aéreos. La aeronáutica tampoco es una ciencia exacta.
También estamos acostumbrándonos a las respuestas inmediatas: si no te cogen el móvil, mandas un sms. Si no te responden a un e-mail, lo reenvías por si acaso se perdió en el ciberespacio. Hace unos días un cliente me comentó que había dejado a su abogado anterior porque tardaba un día en darle una cita. Ese abogado había sido ventajosamente sustituido por un abogado que le dio su número de móvil, con todo lo que eso conlleva. A ver cuándo el ejemplo se extiende a los médicos, a los notarios y a los talleres de reparación de cualquier cosa, para quienes las citas son aproximadas y se sabe cuándo llegas y no cuando sales.
Del tiempo judicial, mejor ni hablamos. Produce mucha curiosidad a demandantes, demandados, querellantes, querellados, contratantes, despedidos y ciudadanos en general. Todos ellos preguntan sin parar ¿cuánto durará este procedimiento?, ¿qué plazo tiene el juez para dictar sentencia? Pues bien, eso no se mide en tiempo convencional. El tiempo judicial lleva su propio ritmo.


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