Noviembre 23, 2007   

Nihil sub sole novum (Qohelet 1-10)

¿Qué sucede cuando un Estado más avanzado se encuentra ante la alternativa de admitir o excluir con plenos derechos a los habitantes de pueblos subordinados y próximos? ¿Ante qué alternativas puede encontrarse? Seguro que no es la primera vez que se plantea esta cuestión …

Los socii (aliados) eran los pueblos itálicos que tenían un estatuto especial de relación con Roma: estaban obligados a proporcionar tropas cuando fueran requeridos por el Senado y el Pueblo romanos, y carecían de competencias en política exterior a cambio de disfrutar de los derechos del commercium y el connubium. De hecho, en el siglo segundo antes de nuestra era, entre la mitad y dos tercios de los soldados del ejército romano provenían de los aliados italianos.

El estatus de los itálicos en Roma llevaba tiempo siendo discutido, cuando el año 95 a.C, el Senado romano aprobó una ley que decretaba que todos los habitantes que no fuesen ciudadanos romanos, esto es, los que provenían de otras ciudades itálicas, deberían ser expulsados de Roma. En el 91 a.C., Marco Livio Druso fue elegido tribuno de la plebe y propuso una gran distribución de tierras pertenecienes al Estado, la ampliación del Senado, y la concesión de la ciudadanía romana a todos los hombres libres de todas las ciudades italianas (al sur del Rubicón, límite con la Galia Cisalpina).

El asesinato de Druso en el año 90 a.C., y el rechazo de su propuesta de mejora de la alianza, provocaron la inmediata insurrección de las ciudades estado italianas contra Roma, encabezados por los Samnitas y los Marcsos, pueblos pobres y con poco que perder.

La llamada Guerra Social (Bellum Sociale) enfrentó a Roma con sus aliados (socii) durante casi tres años, durante los cuales ambas partes pusieron en pie ejércitos de más de 100.000 hombres, y las ciudades y el campo italianos sufrieron daños gravísimos.

Siendo incapaz de derrotar militarmente a sus aliados, pese a que la dirección de la guerra la llevaron generales del prestigio de Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila, Roma acabó recurriendo al pacto: a traves de la Lex Iulia (de Civitate Latinis Danda, 90 a.C.), la Lex Calpurnia (90 a.C.) y la Lex Plautia Papiria (89 a.C.), Roma superó los límites de la urbe y el elemento étnico, la consanguinidad, como base de la ciudadanía, y concedió plenos derechos de ciudadanía a pueblos diferenciados (no sólo Latinos, sino también a las ciudades etruscas y de la Magna Grecia), en suma, a todos los habitantes de la Península itálica comprendidos entre el Rubicón y el extremo meridional.

En particular, el punto final a la crisis lo puso la Lex Plautia Papiria (de Civitate Sociis Danda), un plebiscito aprobado el 89 a.C., promovido por los tribunos M. Plautio Silvano y C. Papirio Carbón. Así lo cuenta Marco Tulio Cicerón en su defensa ante los tribunales de la legalidad con que había obtenido su ciudadanía su amigo el poeta Aulo Licinio Archias, de origen griego (Pro Archia Poeta Oratio. IV, 7).

La crisis, sin embargo, tuvo una consecuencia inesperada: el encumbramiento de Mario y Sila como líderes militares, su enfrentamiento, y la proclamación de Sila como Dictador por el Senado (82 a.C.), iniciando la cadena de acontecimientos que llevarían al ocaso del régimen republicano y el inicio del principado o imperio. Pero eso ya es otra historia…


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Posted on 23 Noviembre 2007

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Comments

Sea en forma de conflagración armada mundial, lo sea como atentados o como delitos individualizados, por algún sitio tiene que saltar tanta desigualdad entre ricos y pobres. Debemos darnos cuenta desde nuestros cómodos sofás y nuestras tres comidas al día.

Posted by: 3A at Noviembre 25, 2007 10:51 PM

Esto también está muy bien relatado en el libro "El Quinto Infierno. La vida de Lucio Cornelio Sila" de Jorge Ferraro

Posted by: Roberto at Septiembre 19, 2008 01:18 AM

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