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Diciembre 14, 2007 Noviembre 1807. O sobre el (limitado) valor de la legalidad formal de los actos del Estado.
En estos días, los medios de comunicación comienzan a presentarnos libros, películas, exposiciones, etc., que conmemorarán el año próximo el inicio de lo que aquí solíamos llamar Guerra de la Independencia, y que entre 1808 y 1814 constituyó un peculiar episodio dentro de las guerras napoleónicas, en que un pueblo tuvo que luchar simultáneamente contra un ejército invasor y por la reconstrucción de un Estado prácticamente inexistente. Como sabemos, el primer objetivo se logró en seis años. En cuanto al segundo, quizá se alcanzó finalmente en 1978, aunque hay quien piensa que tal afirmación quizá peca de optimismo. Un lector inglés, llegado aquí, tal vez me interrumpiría y me recordase que “the Peninsular War” no comenzó el 2 de mayo de 1808, como aquí nos gusta pensar, sino algo antes, en noviembre de 1807, una fecha y unos hechos que en España siempre se han comentado como de pasada al narrar el inicio de la guerra (o se comentaban, ya no sé si se mencionan siquiera en la enseñanza obligatoria), para a continuación no volver a mencionarlos. Quizá ello se deba, en el fondo, a que se trata de uno de los episodios más lamentables de nuestra historia, en que el Estado español otorgó plena cobertura legal al comportamiento agresor de la Francia napoleónica contra Portugal, intentando incluso beneficiarse del mismo, y sobre todo, eludir el enfrentamiento con los ejércitos imperiales. El resultado, la ocupación sin oposición de nuestro territorio y la disolución práctica de las estructuras estatales, sólo se puso manifestó en toda su amarga realidad el 2 de mayo y los días que siguieron. Pero volvamos a los hechos: el 27 de octubre de 1807, el Consejero de Estado y Guerra, don Eugenio Izquierdo, plenipotenciario de España enviado por Godoy, firma el Tratado de Fontainebleau, en el que se estipula la invasión militar conjunta franco-española de Portugal. Una vez invadido, se dividiría el país en tres zonas: En pocos días las tropas españolas del norte, entrando por Valença, habían tomado Oporto, las del sur, desde Badajoz habían llegado a Setúbal (quedando así fuera de nuestro territorio las tropas más operativas), y el ejercito expedicionario francés del general Andoche Junot –que había cruzado el Bidasoa el 18 de octubre-, atravesaba España (no sin algún incidente), cruzaba la frontera portuguesa por Alcántara el 20 de noviembre, y entraba en Lisboa el 30 de noviembre, aunque la familia real portuguesa –y otras quince mil personas- habían salido el día anterior hacia Brasil, donde quedaría fijada la Corte portuguesa hasta 1821. La presencia de tropas francesas en España, sin embargo, continuaba aumentando, y se había ido haciendo amenazante, pues en lugar de continuar transitando hacia Portugal, iban ocupando (sin ningún respaldo del Tratado) diversas localidades españolas (Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona o Figueras). El total de soldados franceses acantonados en España ascendía a unos 65.000, que controlaban no sólo las comunicaciones con Portugal, sino también con Madrid, así como la frontera francesa. Esta ocupación "amistosa" terminó por alarmar a Godoy. En marzo de 1808, temiéndose lo peor, la familia real se retiró a Aranjuez para, en caso de necesidad, seguir camino hacia el sur, hacia Sevilla y embarcarse para América, como ya había hecho el Príncipe Regente de Portugal. El caos final es ya más generalmente conocido que los acontecimientos de noviembre: el 17 de marzo de 1808, se produjo el Motín de Aranjuez, que provocó la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII. Madrid es ocupada por las tropas francesas del mariscal Murat (23 de marzo), que es recibido por Fernando como aliado, confiando todavía en que Napoleón cumpliría el Tratado de Fontainebleau. Pero el gran corso ya había advertido que en España, al vacío militar ya señalado, se unía un vacío de poder político, pues tanto Carlos como Fernando acudían a Napoleón a pedir apoyo. Tras convocarlos a Bayona, a donde llegó Fernando el 20 de abril (dejando en Madrid como su representante a una Junta de Gobierno), y sus padres el 30 de abril, obtuvo de ellos la abdicación a su favor, el 5 de mayo de 1808, tras lo cual cedió la Corona a su hermano José I Bonaparte. Para ese día, los españoles, tardíamente apercibidos de las consecuencias de los actos, legales pero indignos e ilegítimos, de sus Reyes e instituciones de gobierno, ya habían comenzado a luchar. Posted on 14 Diciembre 2007 Trackback PingsTrackBack URL for this entry: CommentsA Realistic $250K First Year Income Potential Posted by: johnmazarr at Marzo 6, 2008 06:28 AM Post a comment |
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