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¿CUANTO CUESTA UNA LATA DE MIERDA Y OTROS PROGRAMAS DE TELEVISIÓN? .

Escrito el 29 enero 2008 por Juan José Torres en General

Mientras estos famosos penan por este infierno catódico o juegan a pasar hambre en pseudoaventuras, muchas otras personas menos afortunadas penan de verdad en guerras de verdad, con hambre de verdad, con enfermedades de verdad y sin medicinas de verdad ( a veces con medicinas de mentira), o se la juegan (y a veces pierden) para llegar a esos paraísos que atisban a través de las parabólicas en los que parecen atar los perros con longaniza.


¿CUANTO CUESTA UNA LATA DE MIERDA Y OTROS PROGRAMAS DE TELEVISIÓN?.
Leo en el Mundo del 23 de enero pasado un artículo titulado “De Diosa del Porno a ´mamá salvaje” en el que se nos cuenta la historia de Micaela Schaffrath conocida como Guina Wild (http://www.elmundo.es); y “estrella del cine porno” . Pues bien, parece que Micaela “triunfa” en un reality show de la televisión alemana donde tiene que comer gusanos y cucarachas. Sigo leyendo que en ese programa, “… grosso modo, los aspirantes comerán cucarachas, colas de rata, ojos de pez y gusanos mientras realizan sorprendentes pruebas como cruzar un río con la cabeza metida en un cilindro transparente en el que al poco se introducen tres juguetonas ratas, o arrastrarse por una oscura madriguera cuajada de insectos. Todo elaborado por los guionistas a partir de las fobias confesadas previamente por cada famoso. E irán cayendo si el publico les nomina…”.
Aunque desde un tiempo a esta parte la televisión ha perdido su capacidad para asombrarnos y ha sobrepasado con creces la delegada línea roja de la cordura instalándose pura y simplemente en el disparate, no deja de asombrarme la hipocresía de esta sociedad en la que vivimos.
Me explico, resulta que palabras como moro, negro, enano, maricón etc son de mal gusto (incluso aunque no tengan sentido peyorativo sino descriptivo como sucede con negro que nada tiene que ver con el nigger americano). También es de mal gusto referirse a las mujeres por su belleza o describir la decepción que te produce conocer a una mujer idealizada por su aspecto (me gustó el artículo de Pérez Reverte (“La librera del Sena”) http://www.xlsemanal.com; que, como siempre fue mal interpretado por quienes lo habían malinterpretado ya antes de leerlo). Asimismo hay que hablar de operaciones de paz en lugar de guerras, de daños colaterales en lugar de muertos, de nacionalistas en lugar de separatistas, de compañeros y compañeras, jueces y juezas (supongo que también de pediatros y pediatras). Pues bien, en este mundo de diseño en el que las cosas se rompen antes de fabricarse y valen por lo que parecen (y no por lo que son), la gente se divierte viendo como se humilla a una serie de personas que en aras de mantener la condición de “famosas” y de vivir sin dar golpe aceptan que se las someta a estas curiosas pruebas, todo ello a mayor gloria del envilecimiento de la dignidad humana.
Mientras estos famosos penan por este infierno catódico o juegan a pasar hambre en pseudoaventuras, muchas otras personas menos afortunadas penan de verdad en guerras de verdad, con hambre de verdad, con enfermedades de verdad y sin medicinas de verdad ( a veces con medicinas de mentira), o se la juegan (y a veces pierden) para llegar a esos paraísos que atisban a través de las parabólicas en los que parecen atar los perros con longaniza.
Máxime cuando esta sociedad de azúcar glaseado oculta cuidadosamente a los enfermos, los ancianos y los muertos porque no son estéticamente correctos y los reduce como máximo a los sucesos en los que siempre aparece enfocado el “charco de sangre en el suelo” y el vecino o vecina al que se le entrevista y suele decir cosas tales como “esto no tenía que estar permitido” y se queda tan fresco. Llevan razón, los accidentes de tráfico, las enfermedades, la muerte, no tenían que estar permitidas, alguien debería hacer algo, sobre todo ahora que estamos en campaña electoral. ¡Hagan juego señores!.
Por eso, ya es hora de comenzar a llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de toda esa ficción de lo políticamente correcto. Rompamos cada día lo políticamente correcto, hagamos preguntas incorrectas, cerremos la televisión, recordemos aquella preciosa canción de Pablo Guerrero (“Planeo, Pablo Guerrero en el Olimpia de París”), donde hablaba de “… una vida tan bella como cien televisores apagados”; compremos lo que nos de la gana o mejor no compremos lo que ellos quieren que compremos, leamos lo que queremos y no lo que quieren que leamos, escuchemos la música que se nos ocurra, que no esté de moda, o que sea de alguien que venda tres discos y le haga ilusión que le compremos el cuarto, dejemos de sufragar excentricidades a las vacas sagradas del cine, de la música, de la televisión y exijamos a nuestros políticos sabiduría, porque para gobernar hay que saber o, por lo menos, ser honrado y estar dispuestos a aprender, reclamemos listas abiertas, modificación del sistema electoral, mociones de confianza, participación pública real a través de Internet (que es muy fácil y se hace por ejemplo en Suiza).
En definitiva, cuando veamos una mierda digámoslo así de claro; aunque la mierda en cuestión sea rentable, de otro modo haremos como aquellos que compraron en una subasta de Sotheby´s una mierda enlatada de Piero Manzoni por la nada despreciable cifra de 124.000 € (http://www.blogs.periodistadigital.com). (JJT).

Comentarios

Juan Caros 29 enero 2008 - 18:08

Incuesionablemente certero, maestro. Me ha impresionado especialmente tu denuncia, que suscribo plenamente, de esta recreación social que pretende esconder la enfermedad y la muerte. A mí me han censurado por llevar a mis hijos al cementerio para recordar a los muertos en un soleado primero de noviembre. También por llevarlos a ver a un pariente que se recuperaba de una dolencia en un hospital ¿En qué tipo de mentira cobarde, de realidad amputada, pretenden hacernos vivir?

sergio 30 enero 2008 - 10:05

No puedo estar más de acuerdo contigo. Creo que a la clase política le interesa que los ciudadanos seamos cada vez más ignorantes, incultos y menos inquietos acerca del saber y para eso nos inundan de programas de encefalograma plano en el que aparecen o se habla de unas personas más o menos famosas. Estoy convencido de que esa es la televisión que quiere la clase política para que cada vez seamos una sociedad más borreguil a la que poder manejar a su antojo. Creo que el debate de la televisión basura es tan extenso que da para la entrada de un post en este blog.

Xabier Cortés Aramendi 30 enero 2008 - 12:16

Verdades como puños, una muy interesante reflexión sobre toda la mierda que no rodea. Cientos de veces me han llamado raro por escuchar grupos que la inmensa mayoría de la gente no conoce, censurado porque me disfruto con las músicas extremas y experimentales (dark ambient, martial industrial, power electronics, neo folk, dark folk drone, doom metal). Me señalan porque no me gusta el cine palomitero y prefiero mil veces una buena película arriesgada.. en definitiva unos ya nos encontramos fuera de lo politicamante correcto, pero faltan muchos más.
Un saludo,
Xabier
http://www.dulcemorgue.net

Anónimo 30 enero 2008 - 16:40

Completamente de acuerdo con todo lo que dices, especialmente respecto a los políticos.
Pero ¿no te parece una triste contradicción en sus propios términos lo de político con sabiduría, honradez y querer aprender?
Volvemos a votar con la naríz tapada para no oler a tanta mierda.
Un beso
Mª. Teresa

Anónimo 30 enero 2008 - 19:23

Esto fue el mundo que criamos, estos son esencialmente los reflejos de nuestras actitudes, son las consecuencias de un siglo de extremos. Política y televisión (y por televisión digo la cultura masificada) son nuestro espejo. Hoy se vive en sueño profundo, en absoluta alienación mental. Los politicos creen (y quizas tienen razón) que los electores tienen edad mental no superior a 12 años y la televisión se creé (Y quizas tiene razón) que los televidentes tienen un q.i mediano de 100. Esencialmente lo que nos hace falta, a nosotros, a los politicos y a las televisiones, es orientar nuestras vidas segundo valores, es abandonar la dictadura extrema del mercantilismo, del debe y del haber, del “panem et circus”. Gracias por su texto, fue el suficiente y el necesario para que dejase de trabajar y pensase en cosas verdaderamente importantes.
Un fuerte abrazo,
Domingos Cruz

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