Enero 29, 2008   

La Historia es cosa del pasado

Hay pocos tópicos tan manidos como aquél de que "Los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla" o su versión más lúdica de que "Todo hecho histórico se sucede en dos ocasiones en el tiempo, una como tragedia y otra como farsa". El factor común de ambas formulaciones parecer ser la necesidad de justificar el aprendizaje de la Historia no como una disciplna humanística, que cultiva el espíritu y por tanto hace mejor al hombre, sino como una habilidad práctica cuyo manejo nos permitirá afrontar las situaciones cotidianas de nuestra existencia. Pero precisamente la Historia nos enseña que es mala cosa tratar de vivirla en presente, y esa tendencia, actualmente muy acusada, da lugar a distorsiones bastante chocantes.

La primera es la necesidad de interpretar la Historia, en el sentido de interiorizarla dentro de nuestro marco de categorías actual. A partir de ese momento, iniciamos un proceso por virtud del cual cada ciudadano selecciona los hechos históricos que cree encajan mejor en su cosmovisión o los interpreta de acuerdo con esos parámetros. Así quien tenga firmes convicciones sobre la unidad de España tenderá a recolectar hechos y sucesos que den muestra de la misma desde la prehistoria, y quien defienda que no existe España sino una estructura llamada Estado Español rescatará cuantos elementos sea capaz de encontrar para hacer valer su tesis y no verá España por niguna parte, de igual modo que los abogados seleccionamos entre todos los hechos relevantes en un pleito aquéllos que sustentan nuestra parcial visión y tendemos a difuminar o eliminar los contrarios. La profundización en esta tendencia llevará a que además seleccionemos, dentro de la histriografía disponible, a aquellos autores cuya línea interpretativa sea acorde con la nuestra. De este modo nos ahorramos gran parte del trabajo de selección e interpretación, y compramos Historia y sesgo por el mismo precio. Esto es bastante sencillo en un panorama editorial en el que el número de obras publicadas crece en progresión geométrica y el de lectores en progresión aritmética (Pequeño homenaje a Malthus, hoy recuperado por los profetas del cambio climático). Como se puede apreciar, la tendencia referida nos aleja de dos elementos esenciales para el historiador: la objetividad en la apreciación de los hechos y el espíritu crítico.

La segunda distorsión derivada de entender la Historia como una habilidad práctica es la drástica reducción del campo de trabajo. Abandonamos así toda pretensión de omnicomprensión y de exahustivdad y nos quedamos con raciones individuales de Historia listas para el consumo inmediato, al modo de la comida de los aviones. La consecuencia es que en el ochenta por ciento de los análisis con base "histórica" que podamos leer o escuchar enseguida encontramos a un Churchill, a un Chamberlain y a un Hitler en un nuevo Munich 1938. Esta ración inividual sirve para la política doméstica y para la internacional. Reducido a un análisis tan maniqueo, sirve casi hasta para comentar los resultados del fútbol del fin de semana. Es sólo un ejemplo de cómo la culminación de un poceso largo y la evolución de unos personajes históricos cuya trayectoria a dicha fecha era ya bastante notable se reduce a: El firme, el pusilánime y el malvado. Estoy seguro de que muy pocos de los que ven Munich por todas las esquinas se han aproximado siquiera a las toneladas de palabras que el propio Churchill nos suminsitró tanto en The World Crisis como en The Second World War. Seguro que también han pasado por alto las valiosas revelaciones de Anthony Eden y cualquier biografía fundada de Neville Chamberlain, y han dejado de lado los "antes" de Munich.

Pero lo peor de esta tendencia y su máxima y más perversa expresión es la vocación de reescribir la Historia para adaptarla a las necesidades ideológicas de cada momento presente. Esta inspiración, propia de regímenes de vocación totalitaria o fundamentalista (ojo! como bien explica Gustavo Bueno, existe un peligroso fundamentalismo democrático.Vid. Panfleto contra la democracia realmente existente) fue brillantemente denunciada por George Orwell en su apocalíptico 1984, con esa poderosa imagen del Ministerio de la Verdad y su ejército de funcionarios, incluido el protagonista de la novela, reescribiendo día a día la historia, hasta alcanzar al periódico del día inmediatamente anterior. Así se puede llegar al potente oxímoron de la Memoria Histórica.

Ante este pavoroso paisaje, sugiero al lector la terapia que me vengo aplicando por autoprescripción:1) Acudir en lo posible a las fuentes pimarias. Con los recursos actuales, numerosas bibliotecas (lamentablemente no nuestra Biblioteca Nacional) están en nuestra pantalla 2) Acudir al testimonio directo de los protagonistas y tratar de compensar los sesgos con visiones opuestas 3) Introducir siempre un análisis global del período en el que enmarcar los sucesos objeto de nuestro interés 4) Buscar calidad, que siempre la hay, entre los autores opuestos a nuestro sesgo ideológico (primero lo tenemos que identificar...)


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Posted on 29 Enero 2008

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Comments

Creo que también deberíamos considerar dos variables más: 1) A quien beneficia lo que se escribe (de esto los nacionalistas saben mucho), 2) Quien paga y con qué dinero se paga (de esto también saben mucho los partidos). Y, desde luego, no tomarnos en serio a los sociólogos a la carta, los biografos a mayor elogio del personaje y los historiadores anglosajones aficionados al jamón. A los negros que escriben para ganarse la vida o el favor del señor feudal les dejamos a parte. Felicitaciones JC.

Posted by: juan josé at Enero 29, 2008 04:33 PM

La historia es condimento para una buena cena, debemos saber la cantidad de historia que pondremos a nuestro criterio. Abusar de ella es lograr hacer incomible el plato principal y obviarla es dejar sosa la explendida cena bien presentada.
Dosis de vision ingenua e igualmente dosis de investigacion y cultura historica, daran como resultado una idea fresca que aporta nuevas vias de desarrollo social y humanistica.

Posted by: Jose Gil-Fortoul R. at Agosto 26, 2008 02:51 AM

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