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MÉDICOS Y ENFERMOS POR JOSÉ MARÍA CERVELLÓ:

Escrito el 31 marzo 2008 por Juan José Torres en General

Este texto esta basado en mi experiencia personal y las reflexiones que me han ido acompañando durante mi enfermedad. Lo escribo con la ilusión de dar alguna luz que pueda servir a enfermos y familiares, y tambien espero que haga reflexionar a algún médico.


Primero voy a hacer unas consideraciones generales para centrarme, después, en mi caso particular.
Respecto de la figura del médico, pienso que éste debería tener en cuenta que, de alguna forma es, en el subconsciente colectivo, el hechicero de la tribu. A él se acude con angustia y miedo, porque va a ser portador de buenas o malas noticias.
Si EL MEDICO se sube a un pedestal de prepotencia, soberbia y distancia, la relación no será buena en perjuicio del enfermo.
Tiene que haber cercanía y confianza.
En la primera visita el médico nos pregunta: nombre, apellidos, dirección y teléfono. Nunca he sabido por qué razón científica no pierde un minuto en preguntar por las circunstancias personales, familiares y profesionales del enfermo. Este no se sentiría como un número.
Por otra parte, nunca he sabido por qué el médico se cree señor del tiempo de los enfermos. Su tiempo vale al menos tanto como el del médico. La práctica constante del “overbooking”es un desprecio al enfermo y aumenta su angustia
Sólo otra profesión se atribuye este privilegio: la judicatura, que actúa de la misma forma.
Quiero referirme ahora a determinados momentos y decisiones:
-LA PRIMERA VISITA es una cita a ciegas donde no sabemos que nos vamos a encontrar. Si el médico tiene un equipo, es desconcertante que nos reciba otro sin habernos avisado.
Lo fundamenta es la confianza. Si no se consigue, la relación medico-paciente, no funcionará.
-EL DIAGNOSTICO es el momento más duro y la forma de comunicarlo es esencial. Debe ser entendible por el enfermo, contestando a sus preguntas hasta el nivel que él quiera. Igual hay que hacer con el tratamiento.
Es fundamental que el enfermo no se sienta sólo y que su confianza en el médico se acreciente.
-Creo que las SEGUNDAS OPINIONES son razonables, pero nos podemos encontrar con opiniones contradictorias y entonces tenemos un nuevo problema.
-LA FAMILIA puede ser una gran ayuda o un gran problema.
En todo caso es el enfermo el que tiene que tomar las decisiones mientras este consciente.
-Investigar en INTERNET es casi inevitable, ya lo haga el enfermo o alguien de la familia. Pero ello puede llevar a dudar del médico, o a discutirle. Me parece un disparate.
Volvemos a que la confianza es esencial.
- Fruto de las segundas opiniones o de las incitaciones de Internet, se puede iniciar un camino de PEREGRINACIONES que sólo va a complicar más la situación.
Hay que volver a nuestro médico de confianza y que sea él quien nos diga si hay que ir a otro médico o lugar.
-Yo no creo en la MEDICINA ALTERNATIVA, pero quien quiera ir que no abandone la convencional.
-La ACTITUD DEL ENFERMO es fundamental.
En primer lugar hay que aceptar la enfermedad. Si se puede luchar contra ella, hay que ponerse a ello con todas las fuerzas y con esperanza. Si es incurable, hay que aceptarlo y sacar partido al tiempo que nos quede.
-LA HOSPITALIZACION y la UVI. Todos pensamos en ello con prevención. Pero hay que volver al principio de confianza y dejarse hacer.
De la UVI lo peor es la separación de la familia. Pero aceptando eso, se puede pasar el tiempo observando su constante movimiento.
-EL PERSONAL SANITARIO va a ser nuestro compañero inseparable y no lo hemos elegido. Somos nosotros los que tenemos que aceptarlos y acoplarnos a ellos.
Paso ahora a contar MI EXPERIENCIA PERSONAL:
Mis primeros síntomas fueron de debilitamiento en las piernas. Lo consulté al hacerme el chequeo anual y lo atribuyeron a la medicación que tomaba para la tensión, tema que llevaba mi cardiólogo, el doctor Llovet.
Este notó algo raro en unos análisis y me remitió a un neurólogo. Fui a él, y después de observarme y sin decirme nada, me recomendó que fuese a un neurólogo especializado en temas musculares y me dio dos nombres.
Como no me decía nada, le pregunté si tenía motivos para estar preocupado, a lo que me contestó: usted era una persona sana y ya no lo es.
Me prescribió unas pruebas para ir adelantando. Cuando fui a hacérmelas, el médico que me las tenia que hacer, me dijo que eran una barbaridad y que mientras no me las concretasen no me hacia nada, y me despachó.
De los dos neurólogos me incliné por el doctor Esteban en el Ruber Internacional.
Fui a la PRIMERA VISITA, me transmitió confianza, y me mandó las mismas pruebas; me las hicieron en el Ruber sin mayor problema.
(Tengo que decir que yo desconocía la enfermedad que tengo)
Con los resultados fui a ver al D. Esteban, con más miedo que vergüenza. Me dijo que tenia esclerosis lateral amiotrofica, (ELA) y me explicó lo que era de forma clara.
Aceptado el mazazo tan tremendo, le hice tres preguntas: si afectaba a la cabeza y si producía dolores. A estas dos me contestó que no. La tercera fue si acortaba la vida. Me dijo si y me dio unas estadísticas bastante aterradoras. Pensé que las estadísticas, para un caso concreto, eran irrelevantes, porque sólo sabría que lugar ocuparía el ellas cuando me muriese. Así que había que esperar.
La clave creo que esta en ACEPTAR LA ENFERMEDAD de forma activa.
-Lógicamente y a pesar de mi confianza en el D. Estebán, y de acuerdo con él, obtuve cinco opiniones más. Todas confirmaban la primera, lo que me dio mucha tranquilidad.
-No consultamos INTERNET.
Siempre he pensado que para una enfermedad “rara” como es la mía (4.000 enfermos en España), es difícil pensar en financiación suficiente para investigación, y si se descubriese algo su plazo de aplicación a enfermos seria largo. En mi opinión, no hay que hacerse vanas ilusiones, pueden impedirte vivir lo que te quede con tranquilidad.
En cualquier caso siempre he confiado que si había alguna novedad el D Esteban me tendría al tanto.
-No he buscado ninguna MEDICINA ALTERNATIVA, ni he hecho caso a la que algunos amigos, con infinito cariño, me han dicho. No se de ningún caso positivo y sí he sabido de un enfermo que se quedo en coma en China.
-La enfermedad siguió su curso hasta que empezó a afectarme al sistema respiratorio.
El D. Esteban me envió al neumólogo. Le pregunté cual me recomendaba y fuimos al D. Echave, que trabaja el la Quirón, y que colabora con él.
Después de la primera visita, quedamos en probar unas mascarillas, pero ya no dio tiempo, esa mañana ingresé inconsciente en la UVI del Ruber Internacional.
Cuando desperté conocí a la que era directora de la UVI y ahora directora del Ruber I., la D. Cuesta y a todo su equipo. Enseguida se estableció, tanto con ella como con el D. Echave, una corriente de confianza.
A los pocos días me plantearon que la única posibilidad que tenia era hacerme la traqueotomía e instalarme un respirador.
Estaba en el lado corto de la estadística.
Me lo explicaron y estuvimos hablando mucho rato. Se habló de todo con sinceridad, delicadeza y confianza. Al final decidí no hacérmela, pero mi mujer, M. Teresa, me convenció para que me la hiciera, lanzándome a la aventura, porque no sabía como iba a ser mi nueva vida.
Pasé 5 semanas en la UVI y la atención por parte de todos los médicos (incluido el D. García Polo, que me hizo la traqueotomía y el D. Villacorta, que me hizo la gastrectomía) y del personal sanitario fue perfecta.
La UVI, con el debido respeto, cuando estas consciente y sin dolores, es un mundo fascinante y, a veces hasta divertido.
El día del alta no quería irme. ¡Me sentía tan seguro allí¡.
Con emoción reciproca y pena me despedí de todos las enfermeras, encabezadas por Lily.
Y volví a casa con la doctora Cuesta, acompañándome en la ambulancia, y con el D. Echave, trayendo en su coche a mi mujer y a mi hermana.
Los dos se quedaron conmigo hasta verme instalado y tranquilo.
La doctora Cuesta me había dicho que si me arrepentía nos volvíamos al Ruber.
Después de todo esto, pasaron a ser más amigos que médicos.
En casa me esperaba Raquel González, la enfermera que se iba a ocupar de organizar mi vida en casa y que hoy es tambien más amiga que enfermera.
Lo que sigue es otra historia, que no voy a contar, pero del mismo tenor.
Sólo diré, una vez más, que soy un privilegiado, y que sin ellos no hubiera podido llegar hasta aquí.
Muchas gracias a mis médicos por ser mis amigos.
Hoy, han pasado cuatro años de aquellos hechos y, aunque ya no puedo hablar, sigo mejorando mi puesto en la estadística.
FIN

Comentarios

mmmmm 31 marzo 2008 - 11:36

Todos esperamos que sigas rompiendo estadisticas para poder estar admirandote y queriendote mucho tiempo.

charo gonzalez vigil 31 marzo 2008 - 13:00

como siempre Jose Maria todo lo que escribes me enternece y me hace poner los pies en la tierra.
Animo.Charo Glez

charo gonzalez vigil 31 marzo 2008 - 13:00

como siempre Jose Maria todo lo que escribes me enternece y me hace poner los pies en la tierra.
Animo.Charo Glez

Sergio 31 marzo 2008 - 14:32

Querido José MAría, como bien apuntas lo peor de cuando vas al médico auq ete den el diagnóstico de las dolencias que padeces, no es el miedo que pasas en la sala de espera (la espera en los juzgados para entrar a un juicio es una tontería), sino el “acojone” que te entra cuando lees internet y para esto, la red no es muy buen amigo. Lo que dices de no consultar internet es verdad, pero es muy difícil de cumplir para los que no tenemos una fuerza de voluntad como la tuya. Lo primero que hacemos cuando nos quedamos solos es teclear la nomenclatura de la enfermedad y llorar como magdalenas delante del ordenador, cuando a lo mejor no hay motivo para ello porque la explicación que dan suele ser bastante traumática.
Estoy totalmente de acuerdo en que los médicos y personal sanitario deberían ser más humanos y tratar a los pacientes como personas porque el estado de ánimo es fundamental para afrontar el tratamiento y recuperación de la enfermedad. Gracias a Dios, la calidad humana del personal sanitario ha cambiado mucho para mejor.
Pero todavía tiene que cambiar más.
Mucho ánimo

juan josé 1 abril 2008 - 10:11

Estimado José María, escribir sobre la enfermedad como tu has hecho en este artículo, o leer lo que otros escriben sobre este tema, siempre me ha producido inquietud. La enfermedad siempre nos pilla desprevenidos, siempre nos sorprende y me parece que solemos buscarle una justificación que la explique y nos tranquilice. Así, si nos dicen que alguien tiene … o ha fallecido de … siempre preguntamos o nos respondemos,-claro fumaba mucho, bebía en exceso, con la vida que llevaba, era ya muy mayor …, lo malo es cuando no podemos buscarle esa explicación racional que nos deje fuera del cálculo de probabilidades, en ese caso nos damos cuenta de lo frágiles y fugaces que somos en realidad. Por eso lo que tu escribes demuestra un coraje y al mismo tiempo una serenidad que me impresiona. No es fácil tener la fuerza, el coraje y la valentía que demuestras diariamente. Y esas son cualidades que tienes,has acreditado y acreditas antes y durante la enfermedad. Un fuerte abrazo.

Mª Soledad Acedo grande 1 abril 2008 - 10:49

Recuerdo el miedo de entrar a verte en la UVI y como simplemente al estar contigo sentí una gran paz. Eres tú el cambia las cosas y las hace mejores, además me conseguiste desde alli mi preciadísimo autógrafo de Zidane.
Ya sabes que no creo en milagros que creo en tí.
Mil besos de tu radical cacereña.

cristina f 1 abril 2008 - 10:53

queridos jose maria y maria teresa..
Como todos sabemos, en los temas de salud, la vida a veces es muy injusta. Nos puede tocar a cualquiera lo que os ha pasado a vosotros. Y en esta lotería todos tenemos las mismas papeletas ( tu primer artículo me marcó mucho ).
Dentro de lo malo siempre está el factor “familia” que es una de las cosas más importantes para el enfermo. la familia te debe entender y querer a toda costa para hacer al enfermo la vida más fácil. Esto es imprescindible.
Otro factor importante, como tú comentas, es el equipo médico que te atiende. Pero no debe quedarse ahí simplemente. En una enfermedad como la que estais pasando, además, debe haber una complicidad que poca gente tiene. Tambien es muy importante la confianza y que se digan las cosas claras. En este último aspecto habeis tenido muchas suerte con el equipo médico que te quiere, admira y mima. Eres afortunado, jose maría, lo sabes y tambien lo agradeces de forma infinita.
En la Seguridad Social que tiene este país, rara vez nos encontraremos con lo que vosotros habeis tenido la suerte de tener. Vosotros no habeis pasado por ese paso (listas de espera interminables para una prueba ridícula, por ejemplo. A mí de dieron cita para dentro de 10 meses sólo para una revión ginecológica).
Con la elección de tus médicos, te has rodeado de una gente encantadora y profesional que se preocupa por cualquier detalle que pueda mejorar un poco tu vida actual. Y lo mejor de todo, es que los puedes considerar verdaderos amigos.
Dentro de lo malo, vuelvo a repetir, que habeis tenido una suerte infinita. Yo tambien se lo agradezco, por cuidarte tanto.
Un beso enorme para los dos.

Luis Mª Grande 1 abril 2008 - 18:10

He tratado de poner aquí un montón de cosas, pero, sencillamente, no soy capaz de expresarlas en este momento.
Sólo quiero darte las gracias de todo corazón.
Mi madre lee todos los días tus palabras sobre la libertad y la enfermedad para coger fuerzas.
Este texto también le gustará.
Un fuerte abrazo.

JoseLuis 1 abril 2008 - 20:41

Queridos Jose María y María Teresa,
Una vez más me sorprendo de cómo sóis, de cómo estáis afrontando vuestra situación y de cómo, con esta nueva herramienta tecnológica, estáis consiguiendo crear una relación virtual con muchos que os queremos y que os admiramos¡ (más si cabe tras cada nueva lectura…).
Quiero deciros algo de lo que a lo mejor no sóis todavía conscientes: cada nueva aportación a este maravilloso blog nos da fuerza e ilusión a muchos, para realmente valorar lo importante y poner todas esas menudencias que nos pasan a diario en su sitio…
Como os conozco…me imagino que ya tendréis elegido el tema del próximo… änimo y MUCHAS GRACIAS POR SER ASÍ DE GENEROSOS

CRISTINA ACEDO GRANDE 2 abril 2008 - 13:59

QUERIDO JOSE MARI,DE NUEVO SE PRESENTA LA NOVATA INTERNAUTA PARA COMPARTIR MIS PENSAMIENTOS CON TU SABIO Y BUEN CORAZON Y TU CUERPO VALIENTE.
TE CUENTO,HASTA HACE POCO ME ATERRABA LA PREGUNTA¿QUE TAL TU FAMILIA? Y SENTIA COMO LA ALEGRIA SE IBA ALEJANDO DE MI ,EL NO PODER RESPONDER “BIEN,GRACIAS” ME COSTABA UN MUNDO,PERO COMO NOS HACES PENSAR AHORA CONTESTO “EN PAZ,GRACIAS” Y OS LO DEDICO A LOS GRANDES MAESTROS DE LA ESPERANZA .MI AGRADECIMIENTO POR HACERNOS MEJORES,A TI ,A BORJA ,ACONCHITA,A PEYES,
A TODOS LOS QUE DESDE VUESTRA ENFERMEDAD NOS HACEIS ENCONTRAR RAZONES PARA ESTAR CONTENTOS, PARA SABER ESTAR,PARA SER COMPRENSIVOS,VALIENTES,,,,EN FIN QUE YA NO ME ENTRISTEZCO CUANDO ME PREGUNTAN POR VOSOTROS Y CREO QUE PODER DECIR DE TODOS VOSOTROS QUE ESTAIS EN PAZ ES TODO UN LUJO PARA LOS QUE DE UNA FORMA U OTRA ESTAMOS CERCA D E VOSOTROS.COMO SIEMPRE .GRACIAS Y SIGUE HABLANDONOS .
POR CIERTO A TODO TU EQUIPO MEDICO,MIL GRACIAS POR ENTENDERTE,QUERERTE Y CUIDARTE.

Eduardo Torres 2 abril 2008 - 16:55

Estimados José María y Maria Teresa,
En primer lugar, gracias a vuestro esfuerzo por hacer posible que siga aprendiendo y devolverme -cuando me alejo de ella- a la realidad, siendo consciente de la necesidad de adoptar una actitud positiva frente a los problemas.
Siempre he visto una gran similitud entre la medicina y la abogacía, sobre todo en cuanto a las relaciones humanas que subyacen a las profesionales.
En la relación cliente-abogado (igual en la de paciente-médico) la confianza es FUNDAMENTAL.
Cuando un cliente acude con un problema a un despacho, frecuentemente una vez que éste ya se ha manifestado a través de algún “síntoma”, lo que exige de su abogado es sentir que no es un número de expediente más, que hace suyo el problema y que emitirá su diagnóstico con total veracidad, a pesar de que, imagino, a veces el cliente se niegue a aceptar el diagnóstico.
Luego viene el tratamiento que “receta” el abogado y que, igualmente, debe contar con la confianza ciega del cliente, la cual no debería mermarse, sino todo lo contrario, en caso de que el abogado recabe la opinión o, incluso, remita al cliente a otro “especialista”.
También resultan peligrosas para la relación las averiguaciones que el cliente realiza, sea a través de internet o por otro medio, pues si aparece alguna discrepancia de criterio el cliente será receloso (olvidando quién es el especialista) y el abogado probablemente perciba que no se ha depositado la confianza suficiente en su buen hacer.
Evidentemente cuando uno, como abogado, se hace cargo de un asunto, debe ser plenamente consciente de la responsabilidad que ello entraña, pues la vida del cliente se encuentra en sus manos (y digo vida sin comillas).
Por esta similitud (y ante la absoluta certeza que tengo sobre mi incapacidad para ser médico) decidí hacerme abogado, lo que intento repetirme con frecuencia en esos días -imagino que más frecuentes en los comienzos- en que cuesta ver un poco más hacia donde nos dirigimos.
La decisión de hacerse abogado (con todo lo que ello implica) no es fácil, pues requiere mucho sacrificio, implica una gran responsabilidad y -en mi corta carrera tampoco he podido apreciarlo- conlleva muchas alegrías y muchas penas.
Por ello -como abogado- creo que siempre hay que hacer un esfuerzo para no olvidar que cada cliente deja su “enfermedad” en nuestras manos y en ellas está (es nuestro deber) conseguir su cura o, caso de que sea “incurable”, procurar que sus padecimientos sean lo más leves posibles.
Creo que todos deberíamos -desde el puesto en que nos encontramos- ser conscientes de que nuestra actividad (no sólo en el ámbito profesional) repercute en la vida de otras personas y, en consecuencia, tratar de devolver a la sociedad lo que, sin duda, recibimos por otro lado. Y lo ideal sería que tomásemos consciencia de ello antes de que la vida nos haga que la tomemos “de repente”.

Joaquín Salvo 3 abril 2008 - 14:43

Querido profesor:
En cada uno de los textos que últimamente escribes, igual que en todas las “lecciones” impartidas en el Instituto, cualquiera puede encontrar, además de un lectura muy agradable y que muchas publicaciones estarían encantadas de tener en sus páginas, tres o cuatro “perlas” llenas de valores, significado y utilidad.
Estas perlas, como sucede con las de verdad, deben ser, en primer lugar, contempladas por su belleza y resplandor, luego hay que conservarlas con mucho cariño y, por último, sacarlas de la caja en los momentos más importantes.
Tus lectores de hoy y alumnos de ayer que, además (y por si esto fuera poco) tenemos la suerte visitarte de cuando en cuando, usamos tus perlas más amenudo de lo que piensas. Están hechas, entre otros, de tres materiales altamente resistentes como son el esfuerzo, el sentido común y la coherencia. Quien las usa y las pone en práctica, no falla. Aunque sus expectativas, en ocasiones, se vean frustradas.
Un cariñoso saludo a los dos,
Patricia y Joaquín

Javier Manso Vergara 5 abril 2008 - 07:03

Queridos María Teresa y José María:
Me acuerdo mucho de vosotros y,sobretodo, echo de menos hablar en persona de esos temas que compartimos en afinidades ( cultura, buena educación, el grabado pericial, Cádiz y su saber vivir, la inconformidad con las malas prácticas personales y profesionales, etcétera. No puedes tener más razón en lo que has escrito, José María ( aunque para mí sigues y seguiras siendo “Cervelló” esa persona encantadora que me hizo sufrir y disfrutar al mismo tiempo y que agudizó mi pobre intelecto ( aún guardo la copia de la promulgación del Código Civil que de tan buen gusto aceptaste).
Trabajo detras del Museo del Prado y todos los días me acuerdo de nuestra charlas al pasar por este lugar.
La vida nos ofrece pruebas todos los días: la diferencia está en saber llevarlas con dignidad y según dice en la Plaza de San Antonio y el Barrio de la Viña “echandóle coraje”: de eso estáis sobrados.
Respecto al tema profesional del blog: eso lo sabemos los que lo padecemos: la atención al cliente se está perdiendo y el trato al profesional en el mundo de la adjudicatura es una caricatura de lo que debiera ser. Lo importante es seguir luchando por lo que debe ser y no aceptar lo que se te impone en injusticia.
Un fuerte abrazo para los dos y para los participante del blog.
JMV

Peyes 5 abril 2008 - 13:50

Querido Jose Mari:
Como he dicho a mi familoia, ya estoy operativa. Y no puedo menos que dedicarte unas palabras con todo mi cariño, pues no sabes el bien que me ha hecho leer tus primeras reflexiones. Nunca me imaginé que me iban a hacer tanta falta, y, además, tan pronto. Me has dado ánimos en las peores horas, que han sido muchas. Pero ya creo que lo estoy superando. Voy cada día mejor y con el cariño de los míos me siento muy protegida, pues tengo una familia maravillosa.
Las personas que me atienden son también fantásticas, y me siento, como tú, una privilegiada. Un beso muy fuerte.
Peyes.

Beatriz 6 abril 2008 - 17:31

Hola Jose María
No puedo estar más de acuerdo contigo en que la relación médico-paciente tiene que ser de confianza, sobre todo en enfermedades graves,donde pones tu vida en manos de otra persona.En esos casos es imprescindible la calidad humana del médico, que sea sensible, cercano y sincero.Yo en ese sentido soy una privilegiada como tú, y el mío es de la Seguridad Social,cuento con un magnífico profesional pero sobre todo con una bellísima persona, ha pasado de ser mi médico a ser mi confidente, mi amigo…confío plenamente en él y nunca he consultado segunda opinión ni por supuesto he buscado en Internet, en cuanto hay algo nuevo que me puede ir mejor ahí está él para decírmelo.Y soy doblemente privilegiada porque tengo una familia maravillosa que me quiere, me cuida y me acompaña.La UVI no puedo decir que sea un buen recuerdo,salvo por las enfermeras que me cuidaron y mucho menos lo fué para mi familia. Hace años que dejé de preocuparme de las estadísticas,sólo son eso… estadísticas, aunque si te soy sincera cuando las rompes es una batalla más que ganas y reconforta.Como tú bien dices cuando llega la enfermedad sólo cabe asumirlo y luchar…siempre.
Os mando un fuerte abrazo a los dos y espero con impaciencia vuestra próxima reflexión.
Beatriz

Fernando Grande Turégano 6 abril 2008 - 17:59

Querido Josemari:
Aunque nuestra relación no haya sido tan directa como la de Luis, si quiero dedicarte unas palabras, para agradecerte el beneficio tan grande que tus reflexiones y escritos están provocando en el ánimo de mi madre, que ahora tanto lo necesita. Con lo cual solo decirte, que muchisimas gracias por todo, y que desde esta TMO ( unidad de Trasplante de Médula Osea)donde pasaré mi turno de 24 horas, te mando un abrazo de todo corazón.
Fernando Grande.

Tomás Alfaro Drake 7 abril 2008 - 12:22

Queridos José María y María Teresa:
Otro escrito y otra lección de valor y generosidad que me deja mudo. ¿Qué deciros?
Verdaderamente, ¡qué importantes son la bondad y el amor! Para médicos, enfermeras y demás personal sanitario, todavía más, pero para todos.
Es verdad que habéis tenido suerte con los médicos que habéis encontrado, pero no lo es menos que en esto de la bondad y el amor, suele funcionar la ley de la reciprocidad y en eso, vosotros os adelantáis. No es pues una casualidad que os hayáis encontrado con todos ellos. Recibís lo que dais. Y lo mismo podemos decir los que tenemos la suerte de ser vuestros amigos. Cada vez que os visitamos es un torrente de bondad, amor y valor el que nos inunda el corazón. Yo, siempre que voy a veros salgo siendo mejor que cuando entré. Por eso, os doy las gracias con toda el alma.
Un abrazo muy fuerte.
Tomás

Rocío 8 abril 2008 - 18:57

Hola José María:
Te conocí hace muy poco, cuando ya no podías hablar. Me impresionó tu valentía y tu mirada entrañable. Por supuesto, y quién no, había oído hablar de tu inteligencia, bondad, brillantez…algo que, por lo que tengo entendido, sigues demostrando día a día. Has demostrado las cosas increíbles que una persona puede aportar moviendo unos pocos músculos del cuerpo. Nadie sabe cuál será tu puesto en el nivel de estadísticas, lo que está claro es que has alcanzado un puesto de honor entre los de tu alrededor para siempre.
Un abrazo muy fuerte y otro para Maria Teresa

nab 10 abril 2008 - 13:55

todo lo que escribes tiene su moraleja que siempre nos hace pensar. Por favor no dejes de escribir, no sabes como esperamos tus articulos y cuanto bien nos hace. Eres un ejemplo de todo.No se que poner. Me emociona tu fuerza interior, tu dignidad ante esa tremenda enfermedad que nadie podría llevar como tu. Y cuando digo nadie es nadie. Siempre aprendemos de ti y de lo que escribes. Sigue asi´. necesitamos gente como tú.

Carmen Espinosa 10 abril 2008 - 18:21

Queridos José María y M.Teresa
Una vez más José M. reflexiona sobre un tema y lo hace con mirada sabia, con equilibrío, y con humor.Tampoco esta ausente la intención pedagógica que, como MAESTRO que es, forma parte de su actitud de vida. Verdaderamente es una suerte y un privilegio contar con tus reflexiones
que tanto ayudan.
Coincido contigo en la importancia de la relación
médico-paciente, es fundamental la cercanía y la confianza, sin ellas, el médico provablemente no llegue a un buen diagnostico y el paciente se sentirá frustrado.
A propósito del término “paciente”,me gustaría señalar que uno de sus significados es: “sufrido, que tolera y consiente”, . Aunque, en principio,el
significado del término paciente sería: “persona que padece física y corporalmente, el doliente,el enfermo”,dado el trato inadecuado que recibe en tantas ocasiones y los innumerables “overbooking”
que ha de soportar le añaden a mi juicio este otro
significado.
Un fuerte abrazo
Carmen Espinosa

cristina acedo 18 abril 2008 - 14:55

Queridos todos los que acudimos a leer a jose mari,los que necesitamos que nos siga hablando;te
has hecho tan necesario que te has creado otra responsabilidad y bien gorda,esperamos tus entregas con impaciencia ,me gusta lo que piensas y como lo dices pero tambien me encanta lo que te escriben todas las personas que te responden,conocidos y desconocidos,que te entregamos nuestros sentimientos y pensamientos,seguramente eres tu el responsable de haber despertado nuestra sensibilidad dormida a veces,nuestro amor demasiado silencioso,el caso es que quiero felicitarte a ti y a todos los que te escriben a ti pero disfrutamos todos.
muchas gracias.

Antonio Grande 27 abril 2008 - 22:22

Querido José María: ni te imaginas la sorpresa que ha supuesto para mí encontrar ,por casualidad (o causalidad), esta página y hallar en ella tu opinión sobre la relación médico-paciente y la larga relación de mensajes, algunos de ellos de gente tan querida.
Estoy completamente de acuerdo contigo. Mira que he tenido tiempo y ocasiones para aprender, pero todavía no comprendo la actitud de muchos de los que tienen en sus manos la salud de los demás.a Prefiero pensar que la frecuente falta de interés en las circunstancias personales del paciente, incluso la ocultación de información a ellos o a sus familiares, obedece a la creencia (injusta) de que es mejor evitarles una angustia que consideran innecesaria, y además al intento de distanciarse de la situación, de evitar conmoverse.
Médicos amigos, que nos dediquen tiempo, que nos ofrezcan una verdad tan clara como amable, que nos permitan confiar en ellos y nos acompañen durante las fases de la enfermedad. Seguro que has tenido la suerte de conocer a alguno de ellos.
José María, quiero decirte que tu ejemplo me hace recordar lo que tan bien escribió Viktor Frankl, que el hombre es un ser finito y su libertad está restringida. No se trata de liberarse de las condiciones pero sí de adoptar una postura ante ellas. La tuya ha sido la del esfuerzo, el trabajo, la ilusión por cada nuevo día. Eso es dignidad, virtud que te adorna mucho más que otros méritos de los que figuran en tu envidiable currículo.
Un fuerte abrazo.
Besos para Mª Teresa y MªJesús.

María 3 julio 2008 - 12:42

Si hubiera leido tu artículo hace unos años hubiera creído que el calificativo de “privilegiado” que te dedicas sólo podía tener dos explicaciones: tratarse de un sarcasmo o ser una evidencia de que la enfermedad te ha afectado a la cabeza.
Ahora que conozco un poco más el mundo de los enfermos, comparto -con muchísimos matices- tu opinión. Dices no tener dolores físicos (aunque no hablas del dolor moral, de ese no creo que te hayas librado), tu enfermedad no afecta a la cabeza, disfrutas de sanidad privada y de atención domiciliaria profesional y tienes el amor y el apoyo de tu familia. Puedo contar con los dedos de una mano los enfermos crónicos que conozco que tienen tus “privilegios”.
Me gustaría romper una lanza a favor de los médicos. Vaya por delante que nadie en mi familia es médico ni tengo ningún amigo médico (sin duda, una torpeza por mi parte). Los médicos a los que he tratado pertenecen casi todos a la sanidad publica. Además mi opinión es parcial porque la enferma no he sido yo.
Aclarado esto, diré que he visto de todo: médicos que acertaron -los más- y médicos que se equivocaron -los menos-, médicos humanos -también los más- y médicos indolentes -los menos, pero en cualquier caso demasiados- y médicos que se implicaron en el problema del enfermo y su familia -los menos, pero es que eso es de nota- y médicos que no -los más-.
Es evidente que los médicos tienen que mejorar, pero mi sensación es que a veces les pedimos lo que nosotros no hacemos, ni como profesionales ni como personas. Eso es como pedirle a un profesor que asuma la educación completa de nuestro hijo. Sencillamente no puede ser. El hijo es nuestro y el enfermo también.
La sanidad en España es como la educación. Habría que reformarla de la cabeza a los pies. Es fácil echarle la culpa a los médicos pero, ¿y los gerentes? ¿No tendrán ellos algo que ver con el overbooking y el hecho de que los pacientes se sientan un número? ¿No son ellos los que al final deciden en qué enfermos vale la pena invertir y cuáles otros hay que dar por desahuciados? Nunca he visto a un médico hablar con la dureza con la que lo hace un gerente cuando, agarrándose a cualquier resquicio burocrático, se quiere quitar a un enfermo crónico -claramente deficitario, necesitará mucha atención médica y nunca se curará- de encima.
Enhorabuena por cómo llevas la enfermedad. Me recuerdas a mi profesora de holandés en la Escuela Oficial de Idiomas. Ella veía la vida bajo lo que tú llamas “la vacilante luz de la razón” pero, exceptuando eso, tenía una forma de vivir la enfermedad muy parecida a la tuya. Era animosa y luchadora y nunca hacía un drama de ello. Le diagnosticaron un cáncer a los 32 y murió a los 44 después de operaciones y tratamientos durísimos. Me consta que pasó momentos muy duros, sobretodo porque era consciente del vacío que dejaría a su marido e hijos, pero nunca perdió el ánimo y estuvo dando clases hasta un mes antes que morirse. Creo que ninguno de sus alumnos la hemos olvidado.

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