Mayo 22, 2008   

La crisis inmobiliaria y las soluciones que nos presentan

Durante casi una década hemos asistido a una subida del precio de la vivienda descomunal y a unas revalorizaciones de las propiedades inmobiliarias, igualmente, desproporcionadas del orden del 17 y el 20 por ciento anual.

La gente se ha lanzado a comprar pisos destinando el 60 ó 70 por ciento y, a veces más, de los ingresos que entraban en la familia, es decir, en la mayoría de los casos los dos sueldos de la pareja. Resulta que ahora, poco tiempo después viene “el tío Paco con las rebajas” en forma de incremento del tipo de interés y, por tanto, de las cuotas de la hipoteca así como una depreciación de los valores, lo que ha provocado que haya mucha gente que se encuentra “pillada” y no puede hacer frente al pago de la hipoteca. Y creo que el panorama es susceptible de empeorar, como bien dice Murphy en sus famosas leyes, en cuanto los despidos empiecen a aflorar.

Todo ello hay que unirlo a la crisis de las promotoras, grandes, medianas y pequeñas que no han sido muy previsoras y, por qué no decirlo, a la crisis bancaria que está ahí oculta pero que es, a mi parecer, más importante que la crisis del ladrillo.

Resulta que ahora todo el mundo quiere paliar los efectos de la crisis y ayudar a las familias que no pueden pagar su hipoteca por la coyuntura actual. Para ello se han empezado a “lanzar” algunas ideas a la opinión pública para ver la reacción. Una de las propuestas que he oído es que se compren cédulas hipotecarias a los bancos con cargo a las arcas de la Seguridad Social a lo que José María Hidalgo, Secretario General de Comisiones Obreras, se ha opuesto, con buen criterio. No es difícil pensar que l resto de medidas tendrán un soporte estatal importante, es decir, que al final seremos todos los que financiemos los apuros económicos de algunos y ayudemos a otros a hacerse más ricos.

Desde luego mi postura es totalmente contraria al intervencionismo del Gobierno y si lo que procede es el ajuste del mercado de manera natural por muy doloroso que sea para algunos, habrá que hacerlo. Quizá esta opinión sea muy radical para algunos, pero cuando cuente mi historia personal, y como la mía la de otros muchos, se darán cuenta de que no es tan cruel.

Yo he estado buscando casa para comprar desde mediados de 2004 hasta principios de 2007 en que decidí que me iba de alquiler. La situación que me encontré era que las casas que me gustaban costaban entre 500 y 600 mil euros, lo cual puede parece una “pasada” pero estamos hablando de casas de entre 80 y 100 metros cuadrados con tres habitaciones en Madrid Capital. Cualquier que haya visto alguna vivienda en esta época compartirá conmigo que eran cantidades normales para la época y el tipo de vivienda.

Lo más fácil hubiera sido comprar y a pagar hipoteca, pero mi mujer y yo, tuvimos la precaución de hacer muchos números y para una hipoteca de 500.000 euros comprobé que tenía que pagar unos 2000 euros (hoy serían bastante más por la subida del EURIBOR) a 35 años y llegamos a la conclusión de que no íbamos a destinar ese dinero de nuestro sueldo para ser esclavos de una hipoteca y estar condicionados toda la vida por este hecho. El resultado fue optar por el alquiler, bastante más barato y más espacio en una zona que no me podría permitir comprar, y con la diferencia entre la hipotética hipoteca y el alquiler puedo permitirme algún lujo. Eso sí, no han faltado los típicos comentarios de que con el alquiler estamos tirando el dinero.

En contrapartida a mi postura, ha habido gente que ha comprado una casa, por no hablar del que, al calor de la especulación, ha comprado varias casas con la intención de vender alguna y con las plusvalías obtenidas cancelar la hipoteca.

Ahora viene el problema cuando no hay para pagar y la solución pasa porque los que hemos sido conservadores y prudentes, sabedores de nuestras posibilidades, tenemos que acudir al auxilio, vía nuestros impuestos, de los especuladores o los faltos de previsión con la conclusión final de que “al final del día” como dicen los ingleses, ellos tendrán una vivienda en propiedad que tendrá un valor y yo seguiré tirando el dinero de mi alquiler y no tendré nada. Es decir, que tenemos que pagar todos los errores de unos cuantos.

Considero que en el negocio de la especulación, como en todos los negocios, el empresario corre el principio de “riesgo y ventura” por lo que si los beneficios son para él, las pérdidas también las debe asumir él.

Sinceramente no lo veo justo y creo que el mercado se debe ajustar de manera natural sin políticas intervencionistas del Estado y, como diría un castizo, “que cada palo aguante su vela” y “a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.


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Posted on 22 Mayo 2008

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