Mayo 05, 2008   

Leopoldo Calvo-Sotelo: lo que algunos no saben o no quieren decir

En España generalmente la muerte es un momento propicio para el reconocimiento que a uno le ha sido contínuamente negado. No obstante, cuando se trata de una persona culta, discreta, eficiente y segura de sí misma, hasta estos halagos post mortem se ven mitigados. Se podía ver con facilidad ayer tarde en las necrológicas y obituarios por el fallecimiento de D. Leopoldo Calvo- Sotelo. Las de quienes le sucedieron en la Presidencia del Gobierno resultaban frías e impersonales. D. José Luis Rodríguez, ampuloso y vacío, transitando con soltura lugares comunes y sus mantras particulares. Felipe González, el más entrañable, aunque destilando al tiempo un cierto complejo de culpa y algún minúsculo rencor. Especialmente parca (en la extensión y en el contenido) y distante la de José María Aznar, lo cual es enormemente injusto para quien recibió del finado apoyos explícitos y generosos. En todo caso, ninguna a la altura de las circunstancias. Antológica como siempre la del académico Juan Luis Cebrián, que aprovechaba (como ya hizo con el XXX aniversario de la coronación del Rey) para hablar de sí mismo, crearse un halo de enfant terrible de la transición tan impostado que recuerda al atentado del observatorio de su muy admirado Mitterand y así explicarnos cómo combatió activa pero secretamente la dictadura desde su confortable, mansa y obediente dirección de los Informativos de TVE bajo el Caudillo. Lo curioso es lo que en esas y otras crónicas no se dice o se dice a medias.

Reconozco de entrada mi admiración por el personaje que ayer nos dejaba. En alguno de mis posts anteriores aparecen referencias a su persona y a su obra. Es sin duda, de entre los que han ocupado el cargo de Presidente del Gobierno desde 1977, el que más capacidad tenía para las tareas del mismo. Probablemente por eso, por la aversión al talento que persiste en una parte de nuestra querida España, se quiso siempre reforzar su pretendido perfil de hombre gris. Todavía ayer, muchas crónicas subrayaban que había nacido en una familia de la élite política y económica. Como si eso fuese un demérito y, encima, atribuible al propio nacido. Los méritos de una persona son aquéllos de los que hace gala en su vida. Muchos españoles han nacido en iguales o mejores entornos que Calvo-Sotelo y han dilapidado todas las posibilidades que se les ofrecían. Calvo- Sotelo aprovechó todos los medios a su alcance para adquirir una formación científica y humanística con escasos parangones en la política española, hasta el punto, anecdótico pero relevante, de ser el único de nuestros primus inter pares que era capaz de expresarse en inglés. Se ha mencionado ahora que su decisión de ingreso de España en la OTAN resulta acertada vista con perspectiva y que sin duda facilitó nuestra integración europea e internacional. El mérito era verlo entonces, no con la perspectiva de dos décadas. Pero ni siquiera ese mérito se le reconoce francamente, sino que parece preciso a la corrección política destacar que lo hizo "sin consenso" ¿qué consenso?¿el de un PSOE que buscaba toda ocasión para desestabilizar al gobierno, con la impagable ayuda de algunos compañeros de UCD?¿Que estaba anclado en una dinámica antiamericana caduca? En vez de resaltar ese extremo, podrían aprovechar el momento para reconocer que Calvo-Sotelo acertó y ellos se equivocaron, como el tiempo ha demostrado y como el propio ex-presidente les explicó desde su escaño, ya en la oposición.

También han insistido algunas voces en mencionar la LOAPA como una mancha en el expediente de D. Leopoldo. Una vez más, sólo puede estar hablando el desconocimiento o el rencor. Lo que intentó Calvo-Sotelo, de nuevo con una visión anticipada a su tiempo, era racionalizar y cerrar de algún modo un modelo autonómico que los constituyentes habían dejado abierto, de forma tan bienintencionada como imprudente, y que ya entonces amenazaba con avanzar a golpe de improvisación y efectismo, como lamentablemente ha ocurrido. En el panorama actual, muchas voces reclaman algo de esa racionalización cuya necesidad también avanzó en décadas Calvo-Sotelo. Si el instrumento para llevar a cabo dicha empresa resultó pracialmente inidóneo, en sus perfiles más técnico jurídicos, ello no es particularmente achacable al Ingeniero de Caminos que encabezaba el gobierno, y sí tal vez al especialista en Derecho Administrativo que diseñó una Ley Orgánica de Armonización que no era ni una cosa ni la otra. Pero el diagnóstico era correcto y nada mejor que el actual panorama autonómico para demostrarlo.

Por último, y ésta es especialmente curiosa, se ha subrayado la característica de que no había sido elegido por el pueblo. Debo aquí citarme de nuevo a mí mismo, en el post anterior en que que hacía referencia a las inexistentes elecciones a la presidencia del gobierno.

Lo que desde luego deberían aprender todos los representantes políticos, especialmente los de mayor significación, es cómo un presidente se convierte en ex-presidente y se acomoda sin aspavientos y sin complejos a la vida privada, manteniendo toda la dignidad y la responsabilidad institucional que la situación requiere.

Recomiendo la lectura de "Memoria viva de la transición" y de la más deshilvanada pero a la vez más intimista "Papeles de un cesante". Descanse en paz y Dios acoja en su seno a Leopoldo Calvo-Sotelo.


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Posted on 5 Mayo 2008

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