El blog por definición es esclavo de la actualidad, por lo que perdonarán que no me pueda sustraer a la polémica generada por la difusión de la fotografÃa en la que Barack Hussein Obama y su mujer posan junto con ZP y su familia, incluyendo a sus dos hijas menores. Puesto que supongo que habrán recibido ya unos treinta mensajes, de toda Ãndole, sobre el particular, me voy a limitar a sintetizar las enseñanzas que creo se pueden obtener de este incidente.
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Por una parte, es evidente que el gabinete de comunicación del Presidente del Gobierno ha demostrado palmariamente cómo NO debe tratarse un asunto de este tipo. La primera lección sobre gestión de la información dice que si manifiestas que quieres desviar la atención del público respecto de un asunto conseguirás que se convierta en el inmediato foco de interés. La segunda dice que cualquier tipo de información que haya estado a disposición del público al menos una fracción de segundo es susceptible de circular por todo el planeta de forma instantánea y lo hará indefectiblemente. Al final algo que podÃa haber pasado más o menos desapercibido se ha convertido, gracias a la patrulla de los torpes y a la curiosidad cibernética, en la comidilla de este fin de semana adelantado que supone el viernes en la oficina.
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Por otro lado, queda claro que los menores y la polÃtica son incompatibles y que todo contacto de éstos con aquélla se traducirá necesariamente en manipulación. Hace unas semanas veÃamos cómo la poderosa máquina de propaganda del Presidente Obama, con su obsesión por presentarnos al inquilino de la casa blanca como la reencarnación de JFK, nos deslizaba una foto inocente y traviesa en la que la hija del mandatario le espiaba desde detrás de un sillón en el despacho oval. Hasta los más lentos descubrimos que la trampa consistÃa en que asociásemos dicha imagen a la de John Kennedy Jr. (John John) asomando juguetón bajo la mesa de su padre en el mismo despacho cinco décadas atrás. En ambos casos, sin duda, en un poderoso ejercicio de manipulación. JFK fue probablemente el primer Presidente en utilizar la imagen de su familia, menores incluidos, para apuntalar su propia carrera polÃtica. Bill Clinton también utilizó a su hija Chelsea para reforzar su imagen privada, fuertemente dañada por sus travesuras de adulto en el mismo despacho oval. Obama, este gran manipulador, nos seguirá regalando episodios humanos pretendidamente espontáneos como el de la foto antes indicada, cuya preparación e impostura son absolutamente evidentes.
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En sÃntesis, no hay posibilidad de acercar a los menores a la polÃtica sin que acaben siendo objeto de manipulación, por lo cual debe optarse entre la manipulación directamente gestionada por los padres en beneficio de su carrera (Obama, Sarkozy…) o la absoluta reserva y alejamiento de los menores de las actividades polÃticas de sus padres. Lo que no cabe es pretender que una familia que viaja a EE.UU. en viaje oficial para ser recibida por el Presidente y asiste a actos oficiales, bien en la ONU, bien en un Museo, y posa para una foto -en la que no están por cierto las hijas del anfitrión- pueda preservar adecuadamente la intimidad de los menores de dicha familia. A partir de ahÃ, la peor parte la llevarán sin duda las niñas en el colegio el próximo lunes.


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