Lo que más me ha sorprendido de la designación de Rubalcaba es el absoluto desprecio a toda la Política de Igualdad que viene practicando y predicando el Gobierno -y el PSOE- a lo largo de las dos últimas legislaturas.
Para ser más exacto: lo que más me ha sorprendido es que este extremo no haya sorprendido más.
La imagen de una veintena de Barones, Varones, apoyando a Pérez Rubalcaba y dando instrucciones a la “niña Chacón” para que no enrede en momentos serios, -esto es cosa de hombres- se me presenta (y sé que no es comparable) como un Cónclave de Rabinos en Jerusalén, como un Consejo de Sabios juzgando un adulterio, como una reunión de banqueros mostrando su viril superioridad sin pudor…
Venía observando con extrañeza cómo se descuida la paridad (en el Consejo de Ministros y en todo) a medida que la cosa se pone fea, cómo se elimina el Ministerio de Igualdad cuando más discriminación hay, cómo la última estrategia de lucha contra el “maltrato” se centra en la recomendación de que no se publicite el maltrato (que es posible que sea buena idea)… pero la “guinda” (la proclamación de don Alfredo) me ha parecido tremenda.
Y me preocupa: soy feminista (en el mejor sentido del término, que podría haber dicho Rosa Díez). Creo que el balance de la política de igualdad sigue siendo positivo, pero me parece descorazonador el ver que el tema (igual que la defensa de los trabajadores, las primarias o los derechos sociales) se trata como un valor superfluo que parece que se aparca cuando “las cosas se ponen mal y llega el momento de la verdad”.
Y luego resulta que Paco Vázquez –que es un gran tipo, por lo que sé- está “semivetado” para Defensor del Pueblo dentro del partido porque no representa bien todos los valores socialistas.
Todo esto, a mí, me pinta fatal; me tranquiliza el saber que casi siempre estoy solo en estas apreciaciones -y que me suelo equivocar-.Lo digo sin ironía.


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